Luego de ver el rendimiento de nuestra selección en estas dos fechas podemos decir que, hoy, el mundial está bien lejos. Es cierto que todavía queda mucho camino por delante, pero no por algo los abuelos nos dicen que todo lo que empieza mal termina mal, esperemos que, por primera vez, se equivoquen.

Lamentablemente, el hincha peruano se ha visto, otra vez, desairado por su equipo. La historia de quedar en tercer lugar en la Copa América se repitió y con esto la ilusión volvió a nacer. Contamos con un nuevo entrenador, quien, tiempo atrás, se ganó el cariño de una de las hinchadas más grandes del país. Luego de muchos años, pudimos revocar al presidente de la Federación de Fútbol que tanto daño le había hecho a nuestro deporte y, sobre todo a nuestros hígados. Con este nuevo escenario, los peruanos estábamos más que esperanzados, estábamos convencidos de que nuestro escudo y nuestro himno nacional se harían presentes en Rusia.

En el partido contra Chile, la revancha de la semifinal de la Copa América, la selección sacó a relucir cual es el aspecto por el cual no tenemos mejores resultados, la falta de control en el aspecto psicológico de los jugadores. La irresponsabilidad, la falta de compromiso y la escasez mental es el cuento que siempre se repite en nuestro fútbol y la canción que siempre acompaña a nuestros jugadores.

En el aspecto futbolístico, el partido contra Venezuela fue el peor que le he visto a nuestros jugadores. El esquema táctico que planteó el técnico me hizo recordar a todas la “pichanguitas” en las que el capitán solo elije a los delanteros y a un par de defensas. La formación, en el papel, era un 4-4-2, pero en la realidad era un 4-2-4. Claudio Pizarro, Paolo Guerrero y Jefferson Farfán nunca se preocuparon por cubrir los espacios para marcar al rival y solo fue Christian Cueva quien pudo decir que realizó el recorrido completo. En el medio sector, Ballón y Tapia jugaron en la cancha más larga de toda su carrera. El espacio les quedaba grande y no llegaban a tiempo para robarle el balón al rival y menos para habilitar a un compañero, sufrieron mucho.

En el partido jugado en Montevideo, el equipo debía ser corto y, afortunadamente, lo fue. Gareca le dio más marca al medio campo con la presencia de Ascues y Polo. Este último se comió la banda derecha los 90 minutos, apretó al rival, rescató muchas veces a Advincula y casi nos da el empate.

Si algo positivo nos han dejado las últimas presentaciones de la selección peruana, es la aparición de nuevos y jóvenes elementos que, de ahora en adelante, deben ser tomados más en cuenta. Jugadores como Edison Flores, Andy Polo y Raúl Ruidíaz han demostrado que un cambio de nombres y de generación no le vendría nada mal al equipo de Ricardo Gareca.

No vendría mal probar una selección especial Sub 23 y con jugadores prestos a nacionalizarse, no solo Lapadula sino también Jean Pierre Rhyner o Francisco Duclos, en la Copa América Centenario. Dentro de los jugadores a observar y a foguear deberían están Benavente, Da Silva, Alexis Arias, Edison Flores y Andy Polo. Tenemos la oportunidad de renovar el equipo y empezar con nuevas caras, nuevos nombres y, sobre todo, con nuevas ganas de querer ir al mundial. El final del ciclo como jugadores profesionales de varios de nuestros seleccionados está cerca y lo mejor es ir formando un equipo joven que refleje un cambio que puede dar buenos frutos, esperemos que sea en estas eliminatorias pero de todas maneras lo hará en la próxima.

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