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Alejandro Cavero Alva
Editor de Opinión de Lucidez.pe @AlejandroCavero

El debate presidencial no fue un debate, fue un show. La diferencia entre un debate y un show es que en el primero hay polémica, hay discusión de ideas, idas y venidas. Un show es una serie de presentaciones, algunas pueden ser serias, otras pueden ser graciosas.

El día de ayer lo que tuvimos fue eso. Entre ‘Popy’ Olivera diciéndole su vida a Alan García en un minuto, Gregorio Santos abogando por el cambio de la constitución de manera monotemática, Alfredo Barnechea pidiendo disculpas por hacer una mala campaña, Alejandro Toledo cruzándose frente a la cámara en primer plano cual película pirata o Verónika Mendoza vendiendo el socialismo del siglo XXI vestida de rosadito y muy bien maquillada para que todos creyéramos que era “bonito” lo que nos presentaba. Todo fue un largo show.

Desde esta tribuna siempre hemos sido partidarios de los debates en donde se pueda discutir y no solo exponer. Y el debate de ayer fue todo menos eso. Fue un concurso de quién expone mejor. Lastimosamente, debido a lo escaso del tiempo y lo malo del formato, el público no evaluó (ni tuvo tiempo de evaluar) las propuestas de cada postulante, cuán bien sustentadas estaban, cuán capaces eran los candidatos de defenderlas y de explicarle a la ciudadanía cómo las llevarían a cabo.

Por el contrario, parecía que, como en una clase de primaria, el público evaluaba la oratoria, la vestimenta, las bromas ocasionales y por qué no, los exabruptos. Tanto así que lo más comentado fue el minuto en que Popy lanzó barro con ventilador en contra de Alan García. Al igual como un montón de alumnos en una clase celebrarían una broma a un compañero durante una exposición de algún trabajo que tuviera muy poco tiempo para profundizar. Es decir, lo que debería ser accesorio se torna en lo principal.

El problema, no obstante, no lo tuvo solo el JNE (ya que este está obligado por ley a invitar a todos los candidatos), sino lo tuvieron principalmente los propios candidatos, quienes en reiteradas oportunidades se negaron a debatir con sus contendores en diversas plataformas mediáticas y sociales. De hecho, tuvieron más de una invitación no solo de medios de comunicación, sino de contendores rivales para polemizar en serio. Claro, siempre es políticamente rentable criticar el formato, pero, sin embargo, se corren cuando se les propone debatir verdaderamente sobre propuestas e ideas.

Este debate nos dejará una lección como país de darle más importancia a formatos más amigables y más realistas para tener confrontaciones reales. De otro modo, no solo pierden los candidatos (ya que es más fácil insultar en 2 minutos que explicar una propuesta), sino perdemos todos los ciudadanos, que en lugar de tener un debate tenemos un show.

Lucidez no necesariamente comparte las opiniones presentadas por sus columnistas, sin embargo respeta y defiende su derecho a presentarlas.

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